Demasiado tarde, siempre, porque aunque hiciéramos tantas veces el amor
la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este
placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad.
C;J.
cta. La recaida no es tan dura, si ya estás mentalizada.